Acogida liberadora

No hay hospitalidad sin acogida; no sólo es el primer acto del proceso de atención sino también cualidad de toda actividad. Su aprecio está, más que en el hecho de recibir, en el modo de acoger.

Nace de la voluntad de aceptar un rostro nuevo; significa abrirse a la realidad del otro, de su persona, de sus vivencias y de sus expresiones.

En cuanto rasgo cualificador de toda actividad conlleva la paciente gratuidad como forma permanente de relación socioasistencial. Es un valor interior que exige el cuidado perceptible de mostrar, con distintos lenguajes, que se recibe al otro y que el otro se siente acogido.

Nuestra acogida es liberadora en el amplio sentido de la palabra. El propósito, al recibir a la persona que requiere asistencia, es tender, en cuanto sea posible, a su rehabilitación para que pueda realizar su proyecto personal y, de uno u otro modo, llegue a reintegrarse en el entorno de familia, sociedad y trabajo, que le es propio o que le sea adecuado.

En realidad, para algunas de estas personas que acogemos, dadas sus características, nuestros centros se constituyen en su hogar posible. Compromiso de todos es hacer de cada centro un espacio cálido de humanidad y crear un ambiente de familia para quienes viven en él y para quienes se acerquen o pasen por él.

La acogida es condición de todo el tejido interpersonal, alcanza todas las relaciones. La realizamos no sólo con las personas atendidas sino también con sus familiares. La promovemos entre todos los miembros de la Comunidad Hospitalaria; en este sentido las hermanas pretenden ser testimonio elocuente. Y la cuidamos como dimensión de nuestros diversos y múltiples encuentros.